Historia

Orígenes

La andadura de nuestra cooperativa se inició en 1963. Aquel año media docena de familias vitorianas se pusieron de acuerdo para proporcionar a sus hijos una educación alternativa, sustancialmente distinta a la que entonces se ofrecía en los centros convencionales. Se trataba, nada menos, de apostar por una enseñanza en la que el Euskera, la lengua vasca tuviese el lugar que se le negaba en la oficialidad del momento. Fruto de aquella iniciativa catorce alumnos comenzaron sus estudios en un piso de la calle Cercas bajas bajo la tutela de Izaskun Arrue (1927- 2016), la primera andereño de lo que hoy es Olabide ikastola.

Los difíciles inicios no desanimaron a los promotores de la idea que se vieron respaldados por la existencia de una demanda creciente pese a que aquella experiencia no tenía ningún reconocimiento oficial, ayudas institucionales de ningún tipo, ni personalidad jurídica y no podía promocionarse públicamente. Sin embargo en 1966-67 eran ya 34 los escolares que se habían incorporado al proyecto y en el curso 67-68 las expectativas más optimistas se vieron ampliamente superadas al comprobar que el curso se iniciaba con nada menos que 85 alumnos atendidos ya por tres andereños. Un proyecto, una ilusión, una organización obligada a la clandestinidad se estaba convirtiendo en una pujante realidad.

Evolución

Ese crecimiento animó a las familias implicadas en la iniciativa a legalizar la situación de la Ikastola como centro educativo. Las circunstancias del momento, la última etapa de la dictadura franquista, obligaron a nuestros fundadores a hacer gala de mucho ingenio y organización. Sus gestiones permitieron que el tres de octubre de 1968 un oficio de la Dirección general de Enseñanza primario del entonces denominado "Ministerio de Educación y Ciencia" reconociese la existencia del "Colegio Padre Raimundo Olabide". Las condiciones que imperaban entonces en el sistema educativo dieron lugar a innumerables anécdotas con retratos oficiales y otros equipamientos al uso en los centros de la época y por el celo con el que había que preparar las frecuentes inspecciones que superó el nuevo colegio.

Este cambio de estatus permitió, en todo caso, consolidar el proyecto y facilitó un crecimiento extraordinario en número de alumnos, plantilla de profesores y trabajadores e instalaciones. Los promotores de Olabide crearon entonces una sociedad instrumental, adscrita al sector inmobiliario denominada "Arriaga S.A." que afrontó el desafío de posibilitar el proceso. Entre los años 68 y 72 el centro pasó de 85 a 496 alumnos. Sus rectores fueron afrontando esta evolución alquilando hasta tres edificios distintos, en la Avenida de Estíbaliz y acondicionándolos en un tiempo record para acoger a alumnos y profesores.

La realidad seguía superando las expectativas de los más optimistas. El incremento de alumnos se mantenía constante y las soluciones provisionales que iban afrontando este crecimiento dieron paso en 1973, a la consolidación de nuestro proyecto educativo. El 24 de enero de aquel año el ministerio de Trabajo aprobaba la constitución de una cooperativa de enseñanza que bajo la denominación "Padre Raimundo Olabide" agrupó a las 360 familias de las que procedían los 496 alumnos de la Ikastola. La cooperativa se constituyó formalmente el 12 de abril de 1972 y comenzó a tomar decisiones. Adquirió 20.000 metros cuadrados de terreno en las proximidades de Lasarte y puso en marcha los trabajos para construir el primer edificio de lo que hoy forman nuestras instalaciones. El primer edificio fue inaugurado el 19 de abril de 1975.

En estas condiciones el proyecto de Olabide hubo de superar aún tremendos desafíos, fundamentalmente de carácter económico hasta convertirse en lo que hoy es, la ikastola más grande de Álava por número de alumnos. La cooperativa vivió así convulsiones económicas muy notables vinculadas a la inflación y la crisis vivida a mediados de la década de los 70, que fueron superadas por la colaboración u el entusiasmo de los cooperativistas y rectores de la cooperativa, el esfuerzo de muchos socios protectores y la inestimable colaboración del servicio de Euskera de la Diputación foral de Álava.

Los años permitieron que Olabide incorporase a su oferta educativa BUP y COU, que se consolidasen las asociaciones cultural y deportiva creadas para fomentar las actividades extraescolares en estos ámbitos y Olabide se dotase de equipos y edificios capaces de afrontar el crecimiento y las necesidades de todo tipo que se derivan de la evolución que se ha vivido en el sector educativo en las dos últimas décadas. Así en 1983 se inaugurón el edificio Zelaia, denominado así en recuerdo de Juan Zelaia, cuya colaboración fue fundamental para acometer este ambicioso proyecto.

El nacimiento y la consolidación de las instituciones vascas, la creación del departamento de educación del gobierno vasco, los procesos acometidos para consolidar y regularizar la variopinta situación legal, financiera y de todo orden en que vivían las ikastolas, el desarrollo del régimen de concertación educativa y como siempre, el esfuerzo de las personas que componemos Olabide han hecho posible que aquella experiencia pionera que pilotó Izaskun Arrue sea hoy una vigorosa realidad.

Emblema

Nuestro emblema representa a Olabide ikastola. Un significante claro y contundente, fácil de leer visualmente, de fuerte presencia visual y de alta significación. Por un lado, el árbol, como indicativo del saber y la ciencia. Un árbol, que ha dado, esta dando y dará sus frutos. Un árbol con dos ramas gruesas como indicativo de una colectividad básicamente bilingüe. Por otro lado, un círculo, que aparece sin estar dibujado. Una forma que se activa con la magia de nuestra percepción visual. Una forma básica que en todos los tiempos ha significado la unidad, la pertenencia a un grupo y a una idea, la igualdad, la fraternidad, expresado en el abrazo, en el baile, en la maternidad,... en todo lo que abarcamos con las manos y cerramos con nuestros mejores deseos. Un espacio que es el nuestro, un abrazo visual que lo envuelve todo, el espacio donde existimos y damos vida a nuestro proyecto. Por último, en la base, el nombre de nuestra ikastola, con una tipografía paralela visualmente a la imagen gráfica, tanto por su trazado como por la claridad tipográfica.